La Ramada: Tradición olvidada

Arte, Cultura y Gastronomía


Hay tradiciones cuya capacidad de supervivencia es innata, que entran en simbiosis con los nuevos métodos de comunicación, y que forman parte de la identidad de la población. Sin embargo, hay otras como la Ramada yucateca que cada vez ha ido cayendo más en desuso, viéndose cada vez menos niños recorriendo las calles y entonando las estrofas tan conocidas. Recordar estas tradiciones y reavivar los recuerdos de infancia de aquellos que tuvieron la alegría de vivirlo, es esencial para preservarlas. 

Esta tiene sus orígenes en el siglo XVI cuando los frailes evangelizaron a la población maya, haciendo alusión con esta práctica al día en que San José y la Virgen María piden asilo en Belén para recibir a Jesús. Las ramadas en Yucatán inician el 1° de diciembre y terminan el 11° de diciembre, antes de dar inicio a las celebraciones de la Virgen de Guadalupe.

La tradición consiste en la confección de ramas que adornan con la imagen de la Virgen de Guadalupe y acompañan con velitas, farolitos, cadenas de papel y otros objetos. Los niños entonces recorren las calles entonando la “canción de la rama”, pidiendo así su aguinaldo para las fechas decembrinas, antes de que inicien las posadas a partir del 16 de diciembre. Originalmente, las ramas utilizadas eran de palma puesto que simbolizaban el árbol de navidad, no obstante, con el paso de los años es más común ver ramas de árboles de cualquier tipo. La imagen de la Virgen suele ir acompañada de una caja de zapatos decorada a manera de altar, que suele forrarse con papel de regalo que simula los ladrillos de una chimenea. En los grupos que hacen el recorrido, siempre hay un encargado de llevar la vela, que es el que dirige la ruta de la peregrinación e ilumina el camino.

El canto se inicia con la primera estrofa y a medida que se incrementa la duración y volumen, los niños pueden recibir aún más dinero. En caso de que les abran la puerta, se canta una estrofa de agradecimiento, pero si se van con las manos vacías, el dueño de la casa recibe un canto de decepción por parte de los niños. Mantener vivas las tradiciones nos compete a todos, así como lo es resistir la aplastante influencia de la globalización que homogeniza y nos intenta robar de la memoria estos bellos momentos en familia y comunidad.

 

Me paro en la puerta, me quito el sombrero
porque en esta casa vive un caballero.
Vive un caballero, vive un general
y nos da permiso para comenzar.

Naranjas y limas, limas y limones
aquí está la virgen de todas las flores.
En un jacalito de cal y de arena
nació Jesucristo para Nochebuena.
A la media noche un gallo canto
y en su canto dijo: “Ya Cristo nació”

Zacatito verde, lleno de roció
el que no se tape se muere de frío.

Señora Santana, ¿por qué llora el niño?
Por una manzana que se la ha perdido
Que no llore por una, yo le daré dos
una para el niño y otra para Dios.

La calaca tiene un diente, tiene un diente.
Topogigio tiene dos.
Si nos dan nuestro aguinaldo, aguinaldo
se lo pagara el señor.

 

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